
Y es que esta parece ser alguna clase de regla básica de la vida que aun no quiero aprender, soy tan obstinado que decido ignorarla y seguir topándome de frente con la realidad, que con voz burlona, me dice que nadie estará para mi cuando termine por caer al suelo, y ¿Cuál es mi suelo? Puedo definirlo como el aislamiento, la tristeza, la falta de lucidez o simplemente la carencia si de interés hablamos. Una vez allí abajo, quisiera llegar a conocer a aquella persona que tenga las palabras necesarias para construir con ellas la escalera que me saque del hoyo, mis problemas. No quiero resolver nada, solo compartir un momento de falta de ideas, aunque seria perfecto poder beber un buen vino y escuchar música precisa en el proceso, para así aligerar la carga y subir más rápido.
Sabio el que lo dijo primero: “¿Porqué siempre conviene alegrar a la gente?”. A veces desearía ser la parte endeble de la vida, ser ese al que las personas deban animar de vez en cuando, o un poco mas seguido. A veces quisiera no tener todas las respuestas, quedarme sin los argumentos necesarios y sin las mejores soluciones, solo por curiosidad, para ver que pasa, para ver quien toma mi lugar.
Si, es correcto, puedo escucharte por horas, puedo dar opiniones, beber compulsivamente y no perder la objetividad, re-ordenar vidas, puedo soportar lo que tengas para arrojar, incluso si se trata de tu alma vacía, nunca pierdo el humor, no se esfuma el conocimiento, las palabras no se quedan atrapadas en mi y de paso, si puedo, te hago reír… ¿Pero qué pasa cuando crecen arboles transparentes? ¿Qué pasa cuando soy yo el que se aburre de sonreír? Me harto de esperar la recompensa, eso es lo que pasa y aunque se supone que no deba, sigo expectante de aquello que debería retornar, pero al parecer nunca hay nada a cambio. Ni siquiera un instante de comprensión, o al menos un momento de reflexión.
Estaré marcado de por vida por The Entertainer (que por cierto aun no comienzo a escribir), creo firmemente que seguiré siendo la cara amable para aquellas personas que deciden no ceder y fungiendo eternamente como el negociador entre la tristeza y la alegría de los demás. No me preocupo por mi mismo, porque ahora se que si lo intento de nada servirá, nadie lo notara, y si lo notan, no sabrán como actuar.
Solo queda esperar, de nuevo, a que estos días pasen sin mayor consecuencia, no mayor a un par de caras largas, alguien decidió que esto tenía que ser así, de esta manera, y contra eso no tengo ganas de luchar, no hoy.
“El que mas da, con menos se queda…” muy cierto compañera de tragedias.
por pepe