Como
una idea confusa, tomando increíble fuerza en el interior del subconsciente,
diciéndome cosas erróneas de la realidad, convenciéndome de la más absurda
versión de la vida. Te pienso.
Como
un día de playa, con lo más bello del paraje danzando eternamente frente a mí,
de una forma terriblemente bella, con la certeza del viento acariciando la
superficie del golfo, con la arena cortando mi piel, y mis pies en la arena
haciendo lo propio. Te siento.
Como
una belleza indecible, escoltando la puesta del sol detrás de los cerros, como
cielos claros y arreboles carmesí, con una luna creciente esperando por su
turno para ser el nuevo motivo de asombro, bien acompañada por el grande Orión
en el poniente. Te veo.
Horrenda
ilusión perdida, como pérdida de tiempo es la ilusión mal fundada. No hay como
decirlo mejor.
Cómo
fui a hallar belleza en los confines del infinito, dañado por los años. Pero
que buenos años han sido si resultaron en eso.
No
hay mejor detalle que el que no se espera recibir, una canción, una sonrisa
extraña, un cielo soleado en día nublado. Tú conmigo, yo contigo.
Pero
eres inestable portador de pensamientos, ya deberías saberlo, eres tanto
víctima de los halagos como de los desaires. Te lo digo fuerte para que me
oigas, te lo digo suave para que lo recuerdes, lo digo de cualquier modo. En
mis viajes warp al interior mismo he encontrado seres extraños, queridos y
ajenos, en esos parajes de los que tanto hablas, a los que llamas hermosos,
peligrosos al fin. Todos ellos me han enseñado algo primordial, todos menos tú,
tú ya no sabes distinguir la realidad, tu sentir es sublime, es potencialmente
torpe.
El
cielo nocturno es claro, las estrellas hablan con la claridad propia, es justo
que sean escuchadas, incluso por el más modesto de los ebrios vagabundos que
caminan debajo de ellas, incluso por ti.
Escucha
lo que te dicen, ellas que te miran con aprecio, que te han visto caer, y te
han dado la inspiración necesaria para levantarte y andar. Escúchalas. Presta
atención, no hablan más de ella. ¿Y quién es ella?
Alí
le ha puesto un nombre, creo que, atinado a la situación, debería yo Tlahui,
entonces, hacer lo propio. tu musa a la
que llamaré por gusto propio Elena, la que es torpe con su búsqueda de
existencia mínima, ha entrado en un estado de letargo emocional hacia tu mera
persona, y tú no logras verlo, eres lo que creo podría llamar un ciego de las
cavernas, te ha sido innecesario ver más, pues todo es oscuridad para ti.
Cerca
del primer horizonte, pasada la puesta del sol, esta ella. Elena juega, se
emociona y revolotea, todo alrededor de ti, pero jamás para ti. Puedes verla,
estar cerca, pensarla, sentirla y olerla. Puedes escuchar su voz, deleitarte
con su risa y sonrisa, te atrapa, estás perdido en ella, pero ella no es de ti,
lo que tú eres de ella.
Va
y viene, y luego se va, sabes que nunca estuvo, y que jamás se fue.
Su
presencia por ratos es etérea, te trata como a un niño, de torpes palabras, de
no movimientos, de estupidez humana, carente de madurez. Que atinada.
Se ha acercado demasiado, puede ver tus
grietas, terribles muestras de lo dañado que está el interior. Tus palabras,
lejos de crear una senda para recorrer, crean un camino lastimoso que nadie
busca sortear, mucho menos ella. Por eso debes callar, morador de los sueños,
callar en pro de no fastidiar las cosas más. No como fastidiaste lo único bueno
que tenías, y que de paso me ha fastidiado a mí.
Tu
estúpido andar se nota, ¿qué esperabas que hiciera Elena? ¿Qué esperas que
haga? Dudas inherentes, ¿las recuerdas? No creo que recuerdes más. Te doy estas
palabras y harás lo que creas mejor. Solo cuida a los involucrados, suficiente
daño has hecho, corrige el camino, dedica tu vida. Volvamos a ella.

