Alí se ha encontrado con su propio demonio, barrera tan alta
como él mismo. Fuerza inamovible, no por naturaleza, sino por convicción
personal. Estruendo incorregible, rumbo ensordecedor.
Algo como esto debería ser prohibido, prohibido tenerlo al
alcance y no poderlo sostener ni con el final de las manos. Pero entendamos que
clase de manos posee Alí, aquellas cuyo único objetivo por momentos prolongados
ha sido buscar la senda correcta, realizar los movimientos adecuados,
deshacerse de lo que sobra y guiar a la contraparte, ya sea tímida o torpe. Esa
clase de manos porta Alí.
Volvamos en primera persona. “El carácter prohibitivo se
vuelve exigente y mandatorio para mi razonamiento inmaduro. Decido no verlo,
pero… ¿qué ocurre entonces? Lo obvio, estrellarme contra el muro de la verdad
concreta, del desentendimiento inducido, ese mismo que privó a Ícaro de sus
preciadas, ese mismo que me derriba, con constancia. No me encanta la idea, es
tonta, no corresponde a nada de lo que he creído antes, y dejando de lado mis
estúpidas creencias, no corresponde a lo que yo quiero, eso quizás tenga un
poco más de valor, pero al final no tiene importancia. “– Alí.
Fue la noche quizás, que con su agrio frio plantó en lo más
profundo de Alí el pensamiento erróneo de la realidad, es quizás que ha pensado
demasiado en el papel que interpreta, su rol. Él forma parte del cosmos, del
espacio que lo rodea, pero no forma parte de nada en la nada misma, aunque lo
quisiera con fuerza sobrehumana, nadie lo quiere aceptar, tal vez por miedo,
más que razonable.
Siempre sabe a dónde mirar, al menos en el cielo nocturno. “amigo
Orión, tu que me has visto vivir debo decirte que, Beatriz ya no forma parte
del juego, es prudente mencionarlo ahora. Se trata de algo más, de algo
inalcanzable, como tu Algol, como tu Betelgeuse, algo que ha declarado todo lo bueno pero de una forma mala.”-Alí.
Confuso lo sé, pero aun así entendible por el lector idóneo. Si,
tú.
Hablemos de amor, no, mejor obviémoslo. Hagamos las cosas
sencillas mientras se puedan, ya que ese demonio hallado no tardará mucho en consumir
por completo, cual selfdestruction vortex, lo que resta de Alí. Obviemos el
amor por el simple hecho de que no existe, no existe más para nadie, solo hay
miedo a la soledad. Si tan solo se diera cuenta de esto la felicidad nos alcanzaría,
tan rápidamente, en ocho minutos de bajada, quizás un poco más por la subida. Estoy
desvariando, yendo en círculos directo a la cara. Lo lamento.
Esto termina como empezó, sin una idea clara del rumbo, sin
un MENSAJE DIRECTO, sin motivos aparentes y sin resultados inminentes. [Pendiente]
Tlahui
