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Tlahui

Fuera del entendimiento regular de las personas, mas allá de los parajes mas lejanos, oculto de la mirada de curiosos y pensamientos de estudiosos, expuesto a la ciega confianza de los mares de la ignorancia, está el hogar del alacrán.
Aquel sitio donde se posan las ideas flotantes de cuestionada fiabilidad, encontraras al Tlahui, fabricando con relativa facilidad las palabras que halan del espacio ingrávido a los pensamientos que alivian los pedos mentales.

domingo, marzo 16, 2014

Sueños de Elena




“Las palabras de tiempos anteriores vuelven a cobrar su sentido, pero en otras latitudes y diferentes las circunstancias. El cambio afecto de igual modo en el protagonismo, que pertenece a alguien más” -Tlahui 




Elena, la musa renovada, volvió en sueños. Se presentó con todas sus dulces cualidades y concretó el más brillante de los sueños recordados por Alí, también el más real.
El subconsciente ha hecho su tarea y ha imaginado el sabor de sus labios delgados y afilados. Ha especulado entorno a sus reacciones y con remarcable precisión ha recordado y emulado su aroma, de dulces características e inevitable perdición.
Las manos de Alí, esas que dudan y titubean cercanas a ella, en sueños de Elena establecen un contacto eterno con las sinceras pares de su musa eterna, esas lindas almas viejas, lazos de triste melancolía, agrietadas por la vida, sostenidas finalmente por Alí.
De este modo empieza, cual prosa fatal, el tortuoso y abrupto relato de aquellos deseos que han sido plasmados en la mente de Alí. Sueños de Elena.   


“Terrible despertar, cuando ello significa alejarme de ti, Elena. ¿Qué ocurrirá ahora? ¿Qué plan torpe para mi tienen los despreciables Oniros? Que hoy me han dado muestra de su poder, al permitir que las imágenes de dulce cariño lleguen a mí, a través de la puerta de marfil en la lejana Érebo.
¿Qué ocurre ahora? Hago esta pregunta a quien decida responderla, ¿Qué ocurre con lo soñado? Y más aún, con lo que dicho sueño ha transmitido. Porque en ese instante de tiempo relativo, mi sueño y el de ella se han unido. ¿Qué me queda? Recordarlo.
Te he visto en sueños, Tlahui se sentirá celoso, él te llama Elena, la musa errante. Yo te llamo mía.
He tenido la fortuna de recordar casi cada detalle, al menos los que importan. Mis palabras carentes de habilidad textual no bastaran para describir con la pericia necesaria aquello que intento contar, pero lo voy a intentar.
 Te vi en un fondo claro y brillante. En el aire, un aroma sutil acompañaba al viento que soplaba desde el sur y acariciaba tu cabello. Tus pies descalzos caminaban lento y con gracia sobre el pasto y entre los dandelion, esquivándolos para no hacerles daño, teniendo como principal meta llegar a la base de una colina donde me ves sentado en una banca azul. Mientras te acercabas yo te veía, como se ve a la primera estrella que se posa en el cielo turquesa al caer la noche. Yo seguía mirando, te veía con gran detalle, inevitablemente mis ojos se encontraron con los tuyos y después con tu sonrisa, aun tímida. Tu cabello seguía al viento, le regalabas tu aroma y lo hacías mejor, más respirable.
Finalmente llegaste a mí y me encontraste a tus pies, sentado en la base de la colina, aun bajo la sombra de un árbol de cerezo. Vuelves a sonreír (así deberían sonreír todos) y te sientas junto a mí. Nadie ha dicho nada, no hace falta. Nos dedicamos por horas a ver a las nubes viajar, unas iban rápido, otras parecían no tener prisa. De cuando en cuando volteo a verte, a admirarte, tomo tu mano izquierda y la conservo cerca de mí, no quiero que te vayas, estoy consciente de que lo harás.  
Las horas pasan y en mi reloj han sido solo minutos, te volteas, me besas y te vas. Tu andar es irreal, tu camino es recto pero tus manos navegan hasta donde alcanzan. Mi corazón vuelve a latir lento, muy lento, después de un rato te has perdido en el horizonte…”

Alí continua en un sueño, está consciente de ello, sabe que siendo un sueño él puede hacerla volver, puede tenerla mientras la noche dure, pero no lo hace, el sueño ha cobrado otro significado, un significado al que le ha dado la merecida importancia, Alí no quiere más que sentarse a su lado y disfrutar de un momento de no-ideas, de silencios absurdos, de manos tomadas y besos de nariz.
Volvamos en primera persona:

“Yo me quedo con tus besos, Elena. Me quedo contigo aun en mis labios, con tu aliento tan cerca, con tu jugueteo, con tus miradas y las sonrisas escondidas. Eso se queda conmigo y en mí se atesora. Eres suficiente musa para todos los que tengan algo bello que decir, cada palabra dicha valdrá la pena y yo la escucharé, aun cuando las digas en silencio. Me quedo contigo, mientras dure mi sueño.”


-Alí


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