“Las palabras
de tiempos anteriores vuelven a cobrar su sentido, pero en otras latitudes y diferentes
las circunstancias. El cambio afecto de igual modo en el protagonismo, que
pertenece a alguien más” -Tlahui
Elena, la musa renovada, volvió en sueños. Se
presentó con todas sus dulces cualidades y concretó el más brillante de los
sueños recordados por Alí, también el más real.
El subconsciente ha hecho su tarea y ha
imaginado el sabor de sus labios delgados y afilados. Ha especulado entorno a
sus reacciones y con remarcable precisión ha recordado y emulado su aroma, de
dulces características e inevitable perdición.
Las manos de Alí, esas que dudan y titubean cercanas
a ella, en sueños de Elena establecen un contacto eterno con las sinceras
pares de su musa eterna, esas lindas almas viejas, lazos de triste melancolía,
agrietadas por la vida, sostenidas finalmente por Alí.
De este modo empieza, cual prosa fatal, el
tortuoso y abrupto relato de aquellos deseos que han sido plasmados en la mente
de Alí. Sueños de Elena.
“Terrible despertar, cuando ello significa
alejarme de ti, Elena. ¿Qué ocurrirá ahora? ¿Qué plan torpe para mi tienen
los despreciables Oniros? Que hoy me han dado muestra de su poder, al permitir
que las imágenes de dulce cariño lleguen a mí, a través de la puerta de marfil
en la lejana Érebo.
¿Qué ocurre ahora? Hago esta pregunta a quien
decida responderla, ¿Qué ocurre con lo soñado? Y más aún, con lo que dicho
sueño ha transmitido. Porque en ese instante de tiempo relativo, mi sueño y el
de ella se han unido. ¿Qué me queda? Recordarlo.
Te he visto en sueños, Tlahui se sentirá
celoso, él te llama Elena, la musa errante. Yo te llamo mía.
He tenido la fortuna de recordar casi cada
detalle, al menos los que importan. Mis palabras carentes de habilidad textual no
bastaran para describir con la pericia necesaria aquello que intento contar,
pero lo voy a intentar.
Te vi en
un fondo claro y brillante. En el aire, un aroma sutil acompañaba al viento que
soplaba desde el sur y acariciaba tu cabello. Tus pies descalzos caminaban
lento y con gracia sobre el pasto y entre los dandelion, esquivándolos para no hacerles daño, teniendo como
principal meta llegar a la base de una colina donde me ves sentado en una banca azul. Mientras te
acercabas yo te veía, como se ve a la primera estrella que se posa en el cielo
turquesa al caer la noche. Yo seguía mirando, te veía con gran detalle, inevitablemente
mis ojos se encontraron con los tuyos y después con tu sonrisa, aun tímida. Tu cabello
seguía al viento, le regalabas tu aroma y lo hacías mejor, más respirable.
Finalmente llegaste a mí y me encontraste a tus
pies, sentado en la base de la colina, aun bajo la sombra de un árbol de
cerezo. Vuelves a sonreír (así deberían sonreír todos) y te sientas junto a mí.
Nadie ha dicho nada, no hace falta. Nos dedicamos por horas a ver a las nubes
viajar, unas iban rápido, otras parecían no tener prisa. De cuando en cuando
volteo a verte, a admirarte, tomo tu mano izquierda y la conservo cerca de mí,
no quiero que te vayas, estoy consciente de que lo harás.
Las horas pasan y en mi reloj han sido solo
minutos, te volteas, me besas y te vas. Tu andar es irreal, tu camino es recto
pero tus manos navegan hasta donde alcanzan. Mi corazón vuelve a latir lento,
muy lento, después de un rato te has perdido en el horizonte…”
Alí continua en un sueño, está consciente de
ello, sabe que siendo un sueño él puede hacerla volver, puede tenerla mientras
la noche dure, pero no lo hace, el sueño ha cobrado otro significado, un
significado al que le ha dado la merecida importancia, Alí no quiere más que
sentarse a su lado y disfrutar de un momento de no-ideas, de silencios
absurdos, de manos tomadas y besos de nariz.
Volvamos en primera persona:
“Yo me quedo con tus besos, Elena. Me quedo
contigo aun en mis labios, con tu aliento tan cerca, con tu jugueteo, con tus
miradas y las sonrisas escondidas. Eso se queda conmigo y en mí se atesora. Eres
suficiente musa para todos los que tengan algo bello que decir, cada palabra
dicha valdrá la pena y yo la escucharé, aun cuando las digas en silencio. Me quedo
contigo, mientras dure mi sueño.”
-Alí
[pending]
