Desde hace algunos años, cuatro o tal ves más, he estado anclado al pasado, atrapado en el tiempo en el que las luces del camino de siempre iluminaban la tierra inerte aparentemente muerta por la soledad que inundaba el sitio, cuando las nubes no eran tan calladas como lo son ahora, cuando los brazos del reloj seguían en pie.
Algunas veces han sido tonterías las que me mantienen atado de cuerpo y alma al recuerdo, otras fueron cosas mas serias, memorias acerca de mi despertar a la vida tal y como la concibo en este mismo instante, cuando descubrí lo que el destino me tenía guardado, cuando me di cuenta de la existencia de eso a lo que llaman amor. Lo relevante de todo esto es que de alguna u otra manera los recuerdos no me han permitido ser feliz. Pienso en todo lo que me he perdido, todo lo que he dejado de lado solo para poder ser parte de la tortura diaria. Minutos, horas, días enteros desperdiciados por completo, días que se han ido con gritos como sonorización principal y las perras que se conocen como lagrimas para el gran final.
He pensado por algún tiempo en esto, a un niño pequeño le regalas un dulce, una paleta redonda llena de colores que jamás había visto, colores tan extraños que si quisiera nombrarlos o al menos describirlos jamás podría. Luego le dices que esa paleta es la más grande, dulce y deliciosa del mundo entero, la inocencia del niño da cabida a esta declaración.
Pasa el tiempo y el sabor de la paleta es cada vez más cotidiano, se pierde la textura, su boca se empieza a cansar de siempre lo mismo y aunque juro una y mil veces que esa era la paleta más grande que había tenido, la más hermosa y colorida, se empieza a dar cuenta de que no es la gran cosa.
Un día dentro de la cotidianeidad de la vida de ese niño, llegó alguien con otra paleta y la pone a su alcance, el niño no le presta demasiada atención pues el ya tiene una, no podrá comerse las dos, se va a empalagar, se le pueden caer los dientes tal como le dijo su mamá. Pero hay algo distinto en el nuevo caramelo, parece mucho más grande y deliciosa, acaso será la versión mejorada de su paleta? El niño se molesta, se confunde, lo aborda la tentación y la curiosidad, al parecer lo timaron la vez anterior, ahora encontró algo más grande, más lindo, más especial, más dulce, más caro y más valioso. Empieza a creer que esa paleta durará un poco más, le brindará más satisfacción y le devolverá la ilusión así que el pequeño hace lo impensable, lo que prometió jamás haría, cambiarla.
Algunas personas suelen pensar en el amor de maneras distintas y extrañas, yo lo veo como un enorme dulce, una paleta azucarada tan deliciosa como nociva.
Dicen que todos llevamos a un niño por dentro, si esto es cierto a la personita dentro de mi le encantan los dulces.
Será mejor que me enfoque en el presente y disfrute de mi aparente niñez emocional.
Por pepe
